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Macaria

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En la mitología griega, Macaria (del griego antiguo Μακαρία, «la bienaventurada») es el nombre de dos personajes femeninos que también están vinculados en la religión griega. Aunque ambos personajes suelen ser considerados como entidades separadas, lo cierto es que en la Suda, enciclopedia bizantina, se las refiere conjuntamente bajo la misma entrada y también Zenobio las relaciona estrechamente.[1]

Hija de Hades

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Todo lo poco que se sabe de esta Macaria, deidad oscura y de naturaleza secundaria, es lo que nos brinda la Suda:

«Macaria («bienaventurada»): Muerte. Una hija de Hades. Y también un proverbio: «irse con los bienaventurados», en vez de marcharse con aflicción hacia una absoluta aniquilación. O bien «irse con los bienaventurados» entendido como un eufemismo. Desde entonces los muertos son llamados «bienaventurados».[2]

Macaria es una diosa fantasma, una diosa sin culto que solo aparece en un apartado marginal de una obra léxica. En la religión de la antigua Grecia, el politeísmo era dinámico. Si un concepto humano resultaba muy importante (como el amor, la justicia o la muerte), los griegos aplicaban el mecanismo del antropomorfismo.[3] Ada Adler, recuperó en la Suda la entrada de «Macaria» (catalogada con el código μ, 51). Adler demuestra que los recopiladores bizantinos no inventaban religiones, sino que conservaban el significado de proverbios griegos antiguos basados en eufemismos populares (como la expresión báll' es makarían (βάλλ' ἐς μακαρίαν),[4] «ve a la bendición/muerte», o simplemente, «vete al infierno».[5]

Karl Kerényi, uno de los principales expertos en mitología del siglo XX, detalla en sus apartados dedicados a las deidades ctónicas cómo el séquito de Hades y Perséfone se fue llenando de figuras abstractas y eufemísticas que servían para dotar de un orden teológico al más allá, justificando su vinculación con los gobernantes del inframundo por motivos puramente geográficos y funcionales.[6]

El proceso mediante el cual se construyó a Macaria, hija de Hades, se divide en tres pasos explicados por los expertos:[3][4][6]

  • El eufemismo lingüístico: pronunciar la palabra Tánatos (muerte) o Hades provocaba terror y traía mala suerte. Para evitarlo, la lengua vernácula utilizaba términos más suaves. Llamar a los muertos makaritai («los benditos») se convirtió en un escudo verbal (apotropaico).
  • La divinización del concepto (daimon): con el tiempo, este eufemismo abstracto de «una muerte bendita» cobró independencia y adoptó una forma humana femenina. Pasó de ser un adjetivo a convertirse en un daimon (un espíritu menor o una personificación).
  • La filiación institucional lógica: cuando un lexicógrafo o un poeta posterior recogió este personaje y quiso otorgarle validez dentro del mapa mitológico, le asignó un padre siguiendo la «lógica de su oficio». Dado que la muerte bendita tiene lugar en el inframundo, su padre institucional tenía que ser, por necesidad, el rey de ese lugar: Hades. Al ser una diosa nacida del lenguaje y no de un mito narrativo, nadie se molestó en inventarle una madre.

Hija de Heracles

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Descrita en Los Heráclidas de Eurípides, Macaria es la única hija de Heracles, habida por Deyanira, si obviamos a Mirto, la hermana de Patroclo, que con Heracles tuvo a Eubea (acaso se trate del mismo personaje que Macaria).[7] Se dice que incluso después de la muerte de Heracles, Euristeo se había dedicado a vengarse de este dando muerte a todos los hijos del héroe, los Heráclidas. Macaria no tuvo más remedio que huir con sus hermanos y Yolao, primero hasta Traquis, en donde se les negó el asilo, y más tarde hasta Atenas. Allí fueron recibidos por la hospitalidad de Demofonte, un hijo de Teseo que por entonces ostentaba la soberanía de la ciudad. Al llegar a las puertas de Atenas con su ejército, Euristeo le concedió a Demofonte un ultimátum, amenazando con la guerra contra Atenas a menos que Demofonte entregase a todos los Heráclidas. Con una resolución digna de elogio, Demofonte se negó a hacer trato alguno con Euristeo, y entonces se preparó para la guerra. Fue entonces cuando un oráculo había vaticinado que Atenas saldría victoriosa solo si era sacrificada una doncella de sangre noble en honor a Perséfone. Al escuchar esto Macaria comprendió que su única opción era la de morir voluntariamente en el altar o aceptar una muerte impuesta a manos de Euristeo. Como en ningún caso se le concedería una vida normal y feliz, no tuvo más remedio que ofrecerse como víctima para salvar a la ciudad y sus habitantes; llena de valor rechazó el sorteo que implicaba a otras muchachas y se ofreció a sí misma ante el altar. Este fue el heroico fin de la hija de Heracles. Más tarde los atenienses la honraron con fastuosos ritos funerarios, pero sobre todo mito tiene un claro aspecto epónimo: el manantial donde Macaria perdió la vida, cerca de Maratón, lleva desde entonces su nombre.[8][9]

Referencias

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  1. Zenobio II, 61, en el Corpus Paroemiographorum Graecorum.
  2. Suda voz «Macaria»
  3. 1 2 Emma Stafford: Personification in the Greek World: From Antiquity to Byzantium. Editorial Routledge, 2005.
  4. 1 2 Adler, Ada. Suidae Lexicon. Teubner, Leipzig (5 volumes, 1928–1938)
  5. Aristófanes utiliza esta expresión varias veces en sus obras para hacer reír al público con un insulto callejero. Por ejemplo, en sus obras Los caballeros (línea 1151) y Las aves, los personajes se mandan unos a otros «al infierno» (báll' es makarían) en medio de acaloradas discusiones. Platón (Hipias Mayor, 293a) también recoge una variante de esta expresión popular como exclamación coloquial para zanjar una conversación o mostrar enfado.
  6. 1 2 Kerényi, Karl: The Gods of the Greeks. Thames & Hudson, 1951 (Edición en español: Los dioses de los griegos, Editorial Atalanta)
  7. Plutarco: Arístides, 20.
  8. Grimal, Pierre (1979) [Publicado originalmente en 1951]. Diccionario de mitología griega y romana (6ª edición). Paidós. Pág. 330. ISBN 978-84-493-2211-2.
  9. Escolio a Platón: Hipias mayor, 293a; Pausanias: Descripción de Grecia I 32, 6; Eurípides: Los Heráclidas, 474s; Aristófanes: Los caballeros 1151 y el escolio; Eustacio: a Homero, 1405, 36.

Enlaces externos

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